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Fiebre del oro, fiebre de la plata.

19 ago

(…) Aquella sociedad potosina, enferma de ostentación y despilfarro, sólo dejó a Bolivia la vaga memoria de sus esplendores, las ruinas de sus iglesias y palacios, y ocho millones de cadáveres de indios. Cualquiera de los diamantes incrustados en el escudo de un caballero rico valía más, al fin y al cabo, que lo que un indio podía ganar en toda su vida de mitayo,  pero el caballero se fugó con los diamantes. Bolivia, hoy uno de los países más pobres del mundo, podría jactarse – si ello no resultara patéticamente inútil- de haber nutrido la riqueza de los países más ricos. En nuestros días, Potosí es una pobre ciudad de la pobre Bolivia: “La ciudad que más ha dado al mundo y la que menos tiene”, como me dijo una vieja Señora potosina, envuelta en un kilométrico chal de lana de alpaca.. Esta ciudad condenada a la nostalgia, atormentada por la miseria y el frío, es todavía una herida abierta del sistema colonial en América: una acusación. El mundo tendría que empezar por pedirle disculpas (…)

Fiebre del oro, fiebre de la plata en Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano.


 

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Publicado por en 19 agosto, 2009 en Cultura, Pueblos Originarios

 

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