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Afroargentino del tronco colonial.

Afroargentino del tronco colonial. Una categoría autogestada.

Norberto Pablo Cirio 

Buenos Aires fue fundada por Juan de Garay en 1580 y desde entonces está también habitada por población negra traída por los españoles como esclavos. Si bien la Asamblea del Año XIII estableció el principio jurídico de la libertad de vientres para aquellos nacidos a partir de su instrumentación, la abolición de la esclavitud se declaró en 1853 a través de la Constitución Nacional. Sin embargo, en Buenos Aires recién entró en vigor en 1861.

A lo largo de nuestra historia, en no todos los censos se consideró relevante recoger información sobre la procedencia étnica de los habitantes. Sin embargo, a través de aquellos que sí la recabaron sabemos que el máximo porcentual de afroporteños fue de 30,1% en 1806, aunque en 1887 apenas representaban el 1,8% de la población total. Durante el sistema esclavista los negros eran usados en múltiples tareas, pero principalmente en el servicio doméstico, como símbolo de estatus social y económico. Según la memoria oral mantenida al presente por los descendientes de aquellos esclavizados, ese período no tuvo ningún cariz humanitario ni familiar por parte de los esclavócratas, como se sostiene desde el discurso historicista blanco. Al igual que ocurrió en el resto de las esclavitudes americanas, el proceso de deshumanización inherente a la condición de esclavo en Buenos Aires no fue la excepción.

Hasta fines del siglo XIX los negros vivieron principalmente en el sur de la ciudad en los actuales barrios de Monserrat, San Telmo y San Cristóbal. Las periódicas crisis económicas por las que atravesó el país operaron como una fuerza centrífuga, alejándolos del centro. Así, a comienzos del siglo XX muchos comenzaron a mudarse al barrio de Flores y promediando el siglo la mayoría fijó residencia en diversos partidos de la provincia de Buenos Aires lindantes con la ciudad por el oeste (Ituzaingó, La Matanza, Merlo, etc.) y el sur (Lanús, Valentín Alsina, Lomas de Zamora, etc.).

Incuestionablemente, desde 1580 hasta el presente las relaciones entre negros y blancos en Buenos Aires estuvieron condicionadas por la asimetría inherente a la dinámica amo-esclavizado, primero, y por las consecuencias  de dicha desigualdad, después. Situada en el encuadre legal y mental de la época, puede afirmarse que el secuestro, esclavización y venta de negros africanos fue el medio por excelencia a través de la cual europeos y criollos se valieron para enriquecerse materialmente, por un lado, y para asignarse una marca de estatus, por el otro. Hasta bien entrado el siglo XIX cualquier familia porteña que se precie de patricia disponía entre sus propiedades de un discreto número de esclavos que se ocupaban, básicamente, de toda pedestre tarea hogareña, desde cebar mate y amamantar a los hijos del amo, hasta conducir su carruaje y hacer la limpieza de la casa. Evidentemente, el aristocrático aire de blancura que imaginaba el patriciado citadino era suficiente impedimento para que se dedicaran a cualquier menester que no sea el comercio de escritorio y el ocio, entre los varones, y el ocio y la religiosidad, entre las mujeres.

En este contexto hostil de relaciones interétnicas, al menos de parte de los esclavócratas no hubo demasiados intentos por conocer y comprender a los negros más allá de las reglas de la trata y “domesticación”. No había motivo. Por  ende, una interesante perspectiva analítica de tales relaciones encuentra su mejor baza en el vertical acto de nominación impuesto: negro, moreno, esclavo, mulato, pardo, mestizo, zambo, muleque, etc.

Ahora bien, ¿cómo se llamaban los negros a sí mismos? Hasta mediados del siglo XIX resulta difícil saberlo pues la totalidad de la documentación conservada fue concebida y redactada por la clase dirigente, vale decir blanca. En 1858 los afroporteños publican sus dos primeros periódicos y sus títulos resultan reveladores: La Raza Africana y El Proletario, fundado el segundo por Lucas Fernández.

Cabe señalar que El Proletario fue tan relevante en la escena social porteña que algunos estudiosos de nuestro socialismo sitúan a Fernández como su pionero. Tras ambos emprendimientos, los afroporteños fueron expresándose cada vez más a través de una prensa propia hasta al menos 1882, circulando una veintena de títulos con una difusión, calidad escritural y mantenimiento en el tiempo variable.

Un concepto derivado de los gentilicios iniciados en  afro-, más cercano en el tiempo, es afrodescendiente. Fue acuñado en la Conferencia Ciudadana contra el Racismo, la Xenofobia, la Intolerancia y la Discriminación realizada en Santiago de Chile (Chile, 2000), y adquirió rápido consenso en la América negra. En este evento participaron afroargentinos y constituyó la instancia preparatoria de la III Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, que se realizó en 2001 en Durban (Sudáfrica). Entre los académicos el término  afrodescendiente -y sus derivados- fue comúnmente aceptado para denominar a los descendientes de los negros esclavizados en América y, por extensión simplificante, a todo negro inmigrante en América y sus descendientes, reservando el término negro para conceptualizarlo en el campo de los estudios históricos, sobre todo los del siglo XIX y anteriores. Si bien los afroargentinos emplean el término afrodescendiente, resulta más común la apócope afro.

A comienzos del siglo XX comienzan a inmigrar al país negros portugueses de Cabo Verde, más tarde afrodescendientes de otros países americanos -especialmente de Uruguay  y, recientemente, africanos de países como Senegal, Nigeria, Ghana y ambos Congo.

Desde fines de los ’90 vienen realizándose fértiles eventos sociales  y culturales -algunos incluso autogestionados bajo el común denominador afro (como el gran tronco de origen, la diáspora africana) e, incluso, afroargentino. Sus objetivos básicos son dos y mutuamente complementarios: aglutinar a la población afrodescendiente en una causa común y lograr mayor visibilidad a fin de reposicionar a la cultura negra en el marco identitario argentino.

Entre los negros africanos esclavizados en lo que hoy es la Argentina existen varias categorías nativas de carácter global o faccional. Mientras que, por un lado, se autodenominan de la clase y de la raza (para diferenciarse de los blancos, a los que llaman chongos), dentro de su comunidad, y de acuerdo a juicios de valor respecto a sus niveles social, cultural y económico (no  necesariamente evaluándolos en conjunto), se diferencian en dos estamentos: negro usted y negro che. Los negro usted son minoría y gozan de una posición de bienestar lograda a costa de haberse desentendido de su africanía, al tiempo que comenzaron a cultivarse y desempeñarse en los mismos ámbitos laborales e intelectuales en los que se promocionan los blancos.

Los negro che son mayoría y pertenecen a los niveles sociales medio-bajo y bajo. Pocos han superado los niveles elementales de escolaridad, por lo que poseen escasa o nula instrucción, cuestión que los lleva a trabajar dentro del sector privado como obreros de baja especialización y, por ende, mal remunerados. Culturalmente, son los negro che quienes han sabido mantener la memoria de sus mayores a través de la práctica comunitaria de su música tradicional ya que, para ellos, su vivencia performática constituye un sentido articulador comunicacional con el supramundo de los ancestrales y, por ende, con la lejana África originaria.

El candombe

El Candombe es supervivencia del acervo ancestral africano de raíz Bantú traído por los negros llegados al Río de la Plata. El término, es genérico para todos los bailes de negros: sinónimo pues, de danza negra, evocación del ritual de la raza. Su espíritu musical trasunta las añoranzas de los esclavos, que de súbito se vieron trasplantados a América del Sur, para ser vendidos y sometidos a duras faenas. Eran almas doloridas, guardando incurables nostalgias del solar nativo. En época de colonia, los africanos recién llegados llamaban a sus tambores con el nombre de tangó. Con este vocablo también llamaban al lugar donde los negros realizaban sus danzas candomberas, las cuales además eran denominadas con este término. Con la palabra Tangó se designaba el lugar, el instrumento y por extensión el baile de los negros.

África está viva en la Argentina.

 

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Publicado por en 30 octubre, 2011 en Cultura

 

6ta Llamada de Candombe

El próximo sábado 17 de diciembre entre las 16 y las 23, (en caso de lluvia pasa al Sábado siguiente) se realizará este evento, en el que participan veinticinco comparsas con la participación de dos mil artistas argentinos y uruguayos.

El espectáculo es organizado por el Fortunato Lacámera, dependiente del Programa Cultural en Barrios de la Dirección General de Promoción Cultural del Ministerio de Cultura porteño.

“La llamada” se celebrará sobre la calle Defensa, entre Av. Independencia y Av. Caseros, con entrada libre y gratuita.

Tomando como modelo las tradicionales llamadas de candombe de Montevideo, acontecimiento que marca el calendario cultural del año de esa ciudad, y afianzando los vínculos con la cultura uruguaya, se organiza por tercer año consecutivo este  evento en el que participan comparsas de la capital uruguaya, Ciudad de Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe, Chaco, La Plata, Morón y Lomas de Zamora.

El evento candombero, que viene precedido de una convocatoria de diez mil vecinos y turistas en su última edición, se extenderá por siete horas a los largo de ocho cuadras del tradicional barrio de San Telmo.

Lugar de encuentro: BALCARCE Y CHILE

 
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Publicado por en 30 octubre, 2011 en Cultura, Recomendados

 

Feliz Primavera

Hermosa versión de Ulises Butron

 
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Publicado por en 21 septiembre, 2011 en Música y algo más

 

Los Pueblos Originarios: El debate necesario.

Prólogo de Norma Fernández: Repensarnos desde la raíz  (Fragmento).

Llegamos al Bicentenario de la Nación Argentina y aún es socialmente dominante la vieja idea de “civilización o barbarie” de la Generación del ’80, que relegaba a los pueblos originarios a una condición casi infrahumana, de “resabio del pasado” y obstáculo para el desarrollo. Ya habían aniquilado a muchas de sus comunidades y les habían quitado sus territorios ancestrales para convertirlos en propiedad privada de los nuevos terratenientes que nacieron al cobijo de las expediciones militares. El próximo paso era destruirlos simbólicamente, declarar su “no existencia” como antes habían declarado que sus tierras y poblados eran el “desierto” patagónico. Curiosa tendencia de los militares argentinos ésa de hacer desaparecer a sus enemigos… tan tenebrosamente recobrada en el 76.

Pero ellos no sólo no desaparecieron sino que continuaron sobreviviendo tenazmente aferrados a sus cosmovisiones milenarias, en medio de siglos de miseria, exclusión y desarraigo. Y la paradoja de la Historia es que ahora, cuando finalmente la civilización occidental capitalista ha entrado en un acelerado ciclo de crisis económicas, políticas y de sentido en los países centrales, de los rincones latinoamericanos del sur del mundo con mayor presencia indígena surgen algunas firmes alternativas reales que recuperan la posibilidad de soñar con un mundo mejor. “Un mundo donde quepan todos los mundos”, como se repite en cada edición del Foro Social Mundial.

Y es que de eso se trata: reinventar el Estado, abandonando la idea rígida de la construcción de una sola sociedad, lengua y cultura, que ejerce dominación sobre todas las diferencias internas. Cada vez crece más la imagen de naciones pluriculturales, tan respetuosas de la equidad económica como de la diversidad cultural de sus habitantes.

Ése es el debate actual en todo el planeta, los vientos nuevos que sopla el siglo XXI. ¿Y quiénes están aportando la “novedad” a las discusiones sobre el futuro de la amenazada especie humana? Los Pueblos Originarios, ni más ni menos. El proceso social, político y cultural que se desató en Bolivia en los últimos años y llevó al gobierno al primer presidente indígena de América así lo prueba. Como las Constituciones boliviana y ecuatoriana, fruto de un apasionado y realmente democrático transcurso de discusión de los distintos sectores sociales y políticos, hasta dar forma a las primeras naciones multiculturales del continente.

Y algo más fundamental aún: la boliviana habla de la suma kawsay, o “buen vivir” –el estado de armonía entre los hombres y la naturaleza– que viene acuñado a través de siglos de transmisión oral. La ecuatoriana va aún más allá y declara “los derechos de la naturaleza” frente a la depredación permanente que la civilización hegemónica ejerce sobre ella.

Y es que detrás de estos debates subyacen distintas concepciones del desarrollo. Para la civilización occidental capitalista la naturaleza son sólo “recursos naturales” en subasta universal: los compran quienes tienen más dinero para apostar. Y la industrialización no repara en elementos renovables o no renovables, todo se lo tragan sin parar, desde los hornos a la fabricación de microchips. Los montes nativos son devastados para plantar soja y los pueblos cordilleranos destruidos por empresas mineras inescrupulosas.

La tómbola sigue girando aunque aumenten los tsunamis, las inundaciones y sequías, los tornados y huracanes, se derritan los glaciares y la temperatura llegue a picos extremos para la permisividad humana.

Ellos, los Pueblos Originarios, saben de qué se trata. Siempre lo supieron. Su relación con la naturaleza no es sólo de carácter económico, sino cultural y espiritual. Su identidad se juega con ella. Saben que si se destruyen o agotan sus territorios es la supervivencia misma la que se arriesga. Y por eso plantean otros modelos de desarrollo, más sustentables y respetuosos de la tierra, el subsuelo, el agua, el aire, las especies vegetales y animales. El cuidado del medioambiente sobre el que vienen alertando los ecologistas desde hace décadas ellos lo sabían desde el comienzo de la Historia, sólo que no los escuchamos. Como miramos para otro lado cuando una investigación de la UBA descubrió que el 56% de los argentinos tenemos sangre indígena en las venas: sospecho que cada uno piensa que pertenece al 44% restante (…).

Rodolfo Stavenhagen: Los Pueblos Originarios: El debate necesario.

 
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Publicado por en 19 septiembre, 2011 en América Latina, Cultura, Pueblos Originarios, Recomendados

 

¿30.001?

 

Jorge Julio López, 76 años, ex albañil, testigo crucial y querellante en el primer juicio oral y público por genocidio tras la anulación de las leyes de impunidad, no contaba con cuidado ni protección alguna. Está desaparecido desde el 17 de septiembre de 2006. Fue un desaparecido durante la dictadura. Es un desaparecido ahora en democracia.

Jorge Julio López fue durante dos años y medio un desaparecido, pero tuvo el extraño privilegio de sobrevivir para contarlo. Estuvo prisionero en un circuito clandestino de detención que representa el nido de los amos de la vida y de la muerte en esa ciudad de La Plata de tiempos de la dictadura y de la policía comandada por Ramón Camps y su secuaz, Miguel Etchecolatz. “Tenía cara de mono”, describió López en su primera declaración en los llamados Juicios por la Verdad. No sabía todavía el nombre de ese “mono” que terminó condenado a prisión perpetua y que en los tiempos en que López era una desaparecido acompañaba a Camps en las torturas. A López le quedó el pecho marcado con los rastros de la picana y por eso ofreció mostrarle sus heridas a los jueces como prueba. Él, junto a tantos otros, lograron así reconstruir con lo que tenían –pedazos de nombres, fragmentos de lugares, terrores y heridas- ese nido de impunidad de la policía bonaerense: lo allí pasaba y quiénes pasaban. Nombraron a los represores y nombraron a sus víctimas.

El 18 de septiembre López iba a terminar un capítulo de esa historia que comenzó cuando lo secuestraron, el 27 de octubre de 1976 y que a lo largo de 30 años tropezó con las más increíbles formas de impunidad. La causa que lo tuvo como testigo puede ser también considerada un nido: solo contabilizando los últimos tropiezos judiciales, tuvo desde marzo de 2000 –fecha en que se llevaron adelante las audiencias de los llamados Juicios por la Verdad- tantas idas y vueltas que cuesta creer que en el momento crucial, López no estuviera allí para escuchar el fallo. Pero no estuvo. No hay metáforas para explicar el por qué: una vez más, nadie vio qué pasó.

“Callate la boca y no digas nada”, le dijeron cuando lo soltaron dos años y medio después, luego de haber soportado cuatro centros clandestinos de detención –el Pozo de Arana, la Unidad de Cuatrerismo, la Comisaría 5 de La Plata y la Comisaría 8, también de esa ciudad- hasta que lo “legalizaron” poniéndolo a disposición del Poder Ejecutivo Nacional en una cárcel, de donde salió finalmente el 25 de junio de 1979.
Pero López habló –como tantos otros- y el represor Miguel Etchecolatz fue condenado. Sin embargo, la historia no terminaba allí: el nido de impunidad que denunció López involucra a –por lo menos- 62 militares y policías. Ahora, López volvió a ser un desaparecido.

El caso

Desde que Jorge Julio López desapareció, hubo diversas formas de explicar la ausencia:

  • Un shock emocional que pudiera causarle pérdida de memoria, o alguna forma de extravío.
  • Simple y puro miedo, y que López decidiera esconderse en alguna parte ante la exposición que significaba la condena de Etchecolatz.
  • El secuestro: la desaparición forzada por sectores policiales o “bolsones” de represores en actividad.

¿En qué situación se encuentra la investigación de Julio López?

A este quinto año llegamos haciendo los mismos cuestionamientos a la Justicia y a las fuerzas de seguridad, a las cuales se les delegan algunas partes de la investigación, básicamente, por la falta de resultados.

Hace rato que le venimos denunciando a la Justicia que hay una falta de interés en serio y concreto por resolver el tema. Un delito de este tipo debe ser resuelto en las primeras horas y días.

En su momento se denunció que las medidas investigativas no tuvieron que ver, para nada, con un delito de este tipo. No se investigó a quienes tenían algún interés en que López desapareciera; concretamente, sobre los grupos de los represores o sobre los represores aislados y organizados. Ellos son quienes no querían que López declarara en los juicios que seguían y en el de Etchecolatz.

Hay un montón de dificultades en cuanto a investigar delitos complejos o al crimen organizado que tienen o han tenido impunidad. Jorge Julio López estuvo desaparecido en varios centros de detención, en Arana, en la comisaría quinta y en la octava, y fue dos años preso en la unidad 9. Por eso tenemos que entender que hay muchos represores que pudieron haber tenido intención de que no declarara más.

En estos últimos 5 años lo único que hubo fue una mezcla de inoperancia, encubrimiento y complicidad de funcionarios y las fuerzas de seguridad. La responsabilidad es compartida. 

 

Fuentes: lavaca.org / http://www.realpolitik.com.ar

 

 
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Publicado por en 15 septiembre, 2011 en Temas de Actualidad

 

Canje – Mario Benedetti

Es importante hacerlo, quiero que me relates tu último optimismo yo te ofrezco mi última confianza, aunque sea un trueque mínimo debemos cotejarnos; estás sola estoy solo, por algo somos prójimos, la soledad también puede ser  una llama.

Mario Benedetti [ Paso de los Toros, Uruguay, 14 de septiembre de 1920 – Montevideo, Uruguay, 17 de mayo de 2009]

 
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Publicado por en 14 septiembre, 2011 en Poemas

 

Feliz cumpleaños, Eduardo Galeano.

 “Aunque no podemos adivinar el mundo que será, bien podemos imaginar el que queremos que sea. El derecho de soñar no figura entre los treinta derechos humanos que las Naciones Unidas proclamaron a fines de 1948. Pero si no fuera por él, y por las aguas que da de beber, los demás derechos se morirían de sed.

Deliremos, pues, por un ratito. El mundo, que está patas arriba, se pondrá sobre sus pies:

En las calles, los automóviles serán pisados por los perros.

El aire estará limpio de los venenos de las máquinas, y no tendrá más contaminación que la que emana de los miedos humanos y de las humanas pasiones.

La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el super-mercado, ni será mirada por el televisor.

El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas.

La gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar.

En ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a hacer el servicio militar, sino los que quieran hacerlo.

Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas.

Los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas.

Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos.

Los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.

El mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra por siempre jamás.

Nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión.

Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle.

Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos.

La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla.

La policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla.

La justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda.

Una mujer, negra, será presidente de Brasil y otra mujer, negra, será presidente de los

Estados Unidos de América. Una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú.

En Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.

La Santa Madre Iglesia corregirá algunas erratas de las piedras de Moisés. El sexto mandamiento ordenará: “Festejarás el cuerpo”. El noveno, que desconfía del deseo, lo declarará sagrado.

La Iglesia también dictará un undécimo mandamiento, que se le había olvidado al Señor:

“Amarás a la naturaleza, de la que formas parte”.

Todos los penitentes serán celebrantes, y no habrá noche que no sea vivida como si fuera la última, ni día que no sea vivido como si fuera el primero.”

 
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Publicado por en 3 septiembre, 2011 en Cultura, De amores de la vida